martes, marzo 18, 2008

Valencia17 de marzo 2008





De tabaco y oro primer toque

Mucho se está hablando del maestro. Se le ataca desde algunos frentes sin piedad, sin cese. Desde otros se le intenta defender con miedo, sin alzar la voz para decir lo que se piensa de Enrique Ponce. Ayer, en su casa, en su plaza, la del coso de la calle de Játiva, en Valencia su tierra natal, Ponce volvió a dar toda una lección, una cátedra para los cinco sentidos, en técnica y profundidad, en clasicismo y plasticidad, una faena "made in Ponce", ante un animal de Las Ramblas, que tan sólo Ponce puede realizar. La lámpara maravillosa se abrió ayer por enésima vez, da igual que el cicatero presidente le negara la segunda oreja y otra puerta grande más en Valencia, ayer Enrique Ponce, vertió sobre el albero valenciano torero de quilates, de muchos, de incalculable valor, algo que en el maestro viene siendo más que habitual.

De tabaco y oro, Ponce volvió a sumar otro triunfo, serán muchos más los que vengan en esta temporada, la próxima cita mañana de nuevo en Valencia, el día de San José.

Ponce o el elixir de la eterna juventud

Desde el mundo es mundo, el ser humano se ha afanado en la búsqueda de una receta mágica, de una pócima maravillosa que dilate, conserve y aumente los conocimientos y la sabiduría a través de los siglos. Las culturas primitivas consideraban que la sangre de los animales transmitía energía vital y por eso se la bebían. Más tarde, aseguraron que el Santo Grial confería la inmortalidad a quién bebía de él. En el antiguo Egipto, en el Renacimiento y más recientemente en la Edad Moderna continuaron la búsqueda, pero siempre en balde. Y en los albores del siglo XXI matemáticos y filósofos aún no han dado con la tecla. Un consejo: Consúltenle a Ponce.

Su brebaje es menos complejo que la fórmula de la Coca Cola, pero para ponerlo en práctica se precisan ingredientes poco comunes, sustancias que no abundan en la naturaleza y de las que el de Chiva se ha hecho con un importante alijo a lo largo de su dilatada trayectoria. Son componentes selectos que le hacen mantenerse cada temporada tan vigoroso, despierto y tenaz como cuando estaba 'tieso'. De eso hace casi veinte años. Los mismos que todavía podría seguir en activo si él quisiera.

La faena al cuarto toro del undécimo festejo de Fallas es un compendio de su sabiduría, pero administrada además de un modo paciente y solvente. Didáctico. Un ejemplo práctico de cómo se mete en la muleta a un toro alto como un caballo, de mirada y comportamiento desconcertante en los primeros tercios de la lidia y embestida desagradable en el inicio de uno de los trasteos con más contenido del abono.

Después de brindar al primogénito de los Duques de Lugo, el maestro de Chiva se las apañó para que el ejemplar de Las Ramblas se medio interesase por la muleta, que tomó siempre con reticencia y desgana, asomando siempre la gaita por encima del estaquillador. Pero la perseverancia comenzó a dar sus frutos en una conseguida serie de naturales aguantando miradas y titubeos de su enemigo, ligada a otra sensacional y casi circular con la mano derecha, dando celo al toro y llevándolo muy tapado y embebido en el trapo, que reventó definitivamente la faena.

La elegancia con que el torero se desenvolvió por el ruedo y llenó la escena, la aparente facilidad con la que se hizo con un animal que desparramó la vista y nunca se acabó de entregar en las telas y los detalles de torería que condimentaron el conjunto no debieron parecerle suficiente al presidente para asomar el segundo pañuelo al tapiz a pesar incluso del estoconazo con el que Ponce coronó su labor. Lamentable. Mucha menos historia tuvo la faena a su primero, ejemplar gazapón y endeble al que el torero trató en balde de enganchar en el trapo.

También cortó una oreja César Jiménez del astado menos malo de un decepcionante lote ganadero. Se le vio fresco al madrileño, seguro, centrado y más reposado con el capote que en temporadas precedentes. Sus lances tuvieron sello, trazo y hondura, tanto con el compás abierto como a pies juntos. Además, bordó un estoico quite de chicuelinas ligadas a tafalleras. Con la muleta mantuvo un tono aceptable a derechas a pesar de algunos enganchones, aunque los mejores momentos llegaron con la mano zurda, que manejó con expresión y largura. El sexto, sin fuerza y con muy mal genio, no le dejó redondear.

En blanco salió El Cid de su doble compromiso fallero aunque justo es reconocer que el sevillano se llevó esta tarde de lo malo lo peor. Su primero fue un sobrero feo y escurrido de muy poco brío, con el que fue imposible mantener el interés del cónclave, y de quinto apareció por chiqueros un animal reservón y de incierta acometida que el de Salteras se quitó de en medio con suma celeridad.


FUENTE MUNDOTORO. José Miguel Arruego

jueves, marzo 06, 2008

El toreo, en la Academia

Artículo del prestigioso periodista don Antonio Burgos hablando sobre el ingreso de Enrique Ponce en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba el pasado 2 de noviembre de 2007.

Aquí exponemos el brillante artículo.

El título de la institución es precioso: Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Están viendo el estrado isabelino y su ambiente romántico, tan Duque de Rivas, ¿no? A ese estrado ha subido un torero a ofrecer una disertación académica. El torero es Enrique Ponce. Con el Niño Marchena el flamenco llegó a la Universidad y sentó cátedra de conferencia y cante en la de Sevilla. Con el Niño de Chivas el toreo le ha puesto paño de seda bordada al púlpito civil de la Academia de Nobles Artes. ¿Habrá arte más noble que la Tauromaquia, que lo iniciaron los caballeros hijosdalgo y luego echó pie a tierra con los héroes del pueblo, y que fue nuestra verdadera Revolución Francesa, el auténtico fin del Antiguo Régimen señorial? Pedro Romero y Pepe Hillo, a efectos del protagonismo del pueblo soberano reemplazando a la nobleza, vienen a ser nuestros Danton y Robespierre.
Han pintado oros de toros en las Bellas Artes de Córdoba estos días. Los Reyes entregaron la medalla de las Bellas Artes a José María Manzanares en la mezquita de los califas (de los califas del toreo, naturalmente), y Ponce se echó los folios a la izquierda para dar una conferencia sobre «Toros y toreros: ayer y hoy» en una Real Academia. Donde tienen que estar los toros. Medalla en pecho de Antonio Ordóñez, de Curro Romero, de Pepe Luis Vázquez, del Viti, nadie duda ya que el toreo es una de las Bellas Artes. En la lista de la concesión anual de las medallas de Bellas Artes hay siempre una plaza...de toros. Alguna vez plaza montada, como cuando se la dieron a don Alvaro Domecq.
En cuanto a la disertación de Enrique Ponce, no se crea que es el primer intento de llevar el toreo a una Academia. En la Real de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla se habló alguna vez de elegir numerario a un diestro. Al fin y al cabo, Ponce pronunció el discurso de ingreso de la Tauromaquia en las Academias españolas. Algunos deseamos que sea mejor en singular, y pronto: en la Real Academia Española. En la Real Academia debería estar el toreo. ¿Por qué? Pues por una frase que sobre Ponce en la Academia de su Córdoba dijo la ministra de Cultura, a la que me encanta poder elogiar en esta ocasión: «Una parte importante del vocabulario que hablamos los españoles tiene un argot taurino muy valioso».
La Fiesta es fuente viva de creación de lenguaje. Más que las Ciencias Naturales o el Álgebra. ¿Y por qué tiene que haber siempre en la Española un académico en representación de la Biología o las Matemáticas, si la química o la trigonometría no enriquecen para nada el habla cotidiana, y no hay en cambio ningún numerario torero, crítico taurino o ganadero, siendo la Tauromaquia fuente vivísima del lenguaje de la vida cotidiana? ¿Quién no dice que ve los toros desde la barrera, que le puso un buen par de banderillas, que está para el arrastre, que se lo salta a la torera, que viene con las de un miura, que está al quite, que se alivia a toro pasado, que lo levanta el puntillero, que no hay quinto malo o que hasta el rabo todo es toro? El DRAE está lleno de voces y expresiones taurinas. Y más habría y más rigurosas si en la Academia estuviera quien tiene que estar: alguien en representación de la cultura de la Fiesta. Así, por ejemplo, podrían añadirse nuevas acepciones a palabras que el mundo de los toros ha cambiado de significado en nuestros días, como «encerrona», que dice el DRAE que es «lidia de toros en privado», cuando es El Cid con seis toros de Victorino para él solito, a plaza llena. O como «portazo», que no es «cerrar la puerta para desairar a uno», sino salir en triunfo por la puerta grande. Figurar entre las Bellas Artes con medalla no es suficiente para el toreo. Debe estar con medalla de numerario en la Real Academia Española. Y si el elegido es Curro Romero, filosofía pura de la riquísima y creadora expresión taurina, pues...¡hasta la bola!

1 tarde en Madrid

Enrique Ponce actuará una sola tarde en la plaza de las Ventas este 2008. Lo hará en la feria de San Isidro el martes 27 de mayo, con toros de Alcurrucén, para confirmarle la alternativa al diestro mexicano Joselito Adame, completando el cartel el francés Sebastián Castella.