Desde el mundo es mundo, el ser humano se ha afanado en la búsqueda de una receta mágica, de una pócima maravillosa que dilate, conserve y aumente los conocimientos y la sabiduría a través de los siglos. Las culturas primitivas consideraban que la sangre de los animales transmitía energía vital y por eso se la bebían. Más tarde, aseguraron que el Santo Grial confería la inmortalidad a quién bebía de él. En el antiguo Egipto, en el Renacimiento y más recientemente en la Edad Moderna continuaron la búsqueda, pero siempre en balde. Y en los albores del siglo XXI matemáticos y filósofos aún no han dado con la tecla. Un consejo: Consúltenle a Ponce.
Su brebaje es menos complejo que la fórmula de la Coca Cola, pero para ponerlo en práctica se precisan ingredientes poco comunes, sustancias que no abundan en la naturaleza y de las que el de Chiva se ha hecho con un importante alijo a lo largo de su dilatada trayectoria. Son componentes selectos que le hacen mantenerse cada temporada tan vigoroso, despierto y tenaz como cuando estaba 'tieso'. De eso hace casi veinte años. Los mismos que todavía podría seguir en activo si él quisiera.
La faena al cuarto toro del undécimo festejo de Fallas es un compendio de su sabiduría, pero administrada además de un modo paciente y solvente. Didáctico. Un ejemplo práctico de cómo se mete en la muleta a un toro alto como un caballo, de mirada y comportamiento desconcertante en los primeros tercios de la lidia y embestida desagradable en el inicio de uno de los trasteos con más contenido del abono.
Después de brindar al primogénito de los Duques de Lugo, el maestro de Chiva se las apañó para que el ejemplar de Las Ramblas se medio interesase por la muleta, que tomó siempre con reticencia y desgana, asomando siempre la gaita por encima del estaquillador. Pero la perseverancia comenzó a dar sus frutos en una conseguida serie de naturales aguantando miradas y titubeos de su enemigo, ligada a otra sensacional y casi circular con la mano derecha, dando celo al toro y llevándolo muy tapado y embebido en el trapo, que reventó definitivamente la faena.
La elegancia con que el torero se desenvolvió por el ruedo y llenó la escena, la aparente facilidad con la que se hizo con un animal que desparramó la vista y nunca se acabó de entregar en las telas y los detalles de torería que condimentaron el conjunto no debieron parecerle suficiente al presidente para asomar el segundo pañuelo al tapiz a pesar incluso del estoconazo con el que Ponce coronó su labor. Lamentable. Mucha menos historia tuvo la faena a su primero, ejemplar gazapón y endeble al que el torero trató en balde de enganchar en el trapo.
También cortó una oreja César Jiménez del astado menos malo de un decepcionante lote ganadero. Se le vio fresco al madrileño, seguro, centrado y más reposado con el capote que en temporadas precedentes. Sus lances tuvieron sello, trazo y hondura, tanto con el compás abierto como a pies juntos. Además, bordó un estoico quite de chicuelinas ligadas a tafalleras. Con la muleta mantuvo un tono aceptable a derechas a pesar de algunos enganchones, aunque los mejores momentos llegaron con la mano zurda, que manejó con expresión y largura. El sexto, sin fuerza y con muy mal genio, no le dejó redondear.
En blanco salió El Cid de su doble compromiso fallero aunque justo es reconocer que el sevillano se llevó esta tarde de lo malo lo peor. Su primero fue un sobrero feo y escurrido de muy poco brío, con el que fue imposible mantener el interés del cónclave, y de quinto apareció por chiqueros un animal reservón y de incierta acometida que el de Salteras se quitó de en medio con suma celeridad.
FUENTE MUNDOTORO. José Miguel Arruego
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