Mucho se está hablando del maestro. Se le ataca desde algunos frentes sin piedad, sin cese. Desde otros se le intenta defender con miedo, sin alzar la voz para decir lo que se piensa de Enrique Ponce. Ayer, en su casa, en su plaza, la del coso de la calle de Játiva, en Valencia su tierra natal, Ponce volvió a dar toda una lección, una cátedra para los cinco sentidos, en técnica y profundidad, en clasicismo y plasticidad, una faena "made in Ponce", ante un animal de Las Ramblas, que tan sólo Ponce puede realizar. La lámpara maravillosa se abrió ayer por enésima vez, da igual que el cicatero presidente le negara la segunda oreja y otra puerta grande más en Valencia, ayer Enrique Ponce, vertió sobre el albero valenciano torero de quilates, de muchos, de incalculable valor, algo que en el maestro viene siendo más que habitual.
De tabaco y oro, Ponce volvió a sumar otro triunfo, serán muchos más los que vengan en esta temporada, la próxima cita mañana de nuevo en Valencia, el día de San José.
De tabaco y oro, Ponce volvió a sumar otro triunfo, serán muchos más los que vengan en esta temporada, la próxima cita mañana de nuevo en Valencia, el día de San José.
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